Eliminar el IVA a la vivienda suena, en el papel, como una solución directa.
Pero la realidad —como siempre— es más incómoda.
Hoy el acceso a la vivienda en Chile no está bloqueado por un solo factor. Está atrapado en una red: costos de construcción disparados, normativas cada vez más exigentes, financiamiento restringido y una permisología que no da tregua.
¿De verdad creemos que eliminar el IVA resolverá esto?
El riesgo es otro: simplificar un problema estructural en una medida aislada.
Y peor aún, generar expectativas que no se van a cumplir.
Porque incluso si el IVA desaparece, los precios no necesariamente bajarán en la misma proporción. El mercado ajusta, absorbe, redistribuye. Y el comprador final —otra vez— queda esperando un alivio que no llega.
Lo que está en juego no es solo un impuesto.
Es la forma en que estamos entendiendo —o evitando entender— la crisis habitacional.
Sin una mirada integral, esto no es una solución.
Es apenas una ilusión con buena prensa.
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