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  Chile podría estar frente a una nueva oportunidad histórica. Pero hay algo que pocos están viendo. Los expertos proyectan que el precio del cobre podría acercarse a los US$5 la libra en el largo plazo, impulsado por la electrificación, la transición energética y una demanda global cada vez más intensa. A primera vista, parece una excelente noticia para Chile. Sin embargo, mientras el cobre sube, las proyecciones apuntan a una realidad menos visible: la capacidad de crecimiento de nuestra economía se estaría reduciendo. Menor productividad. Menor inversión. Proyectos que tardan más en desarrollarse. Menos dinamismo para capturar las oportunidades que ofrece el mercado. Y ahí está el verdadero desafío. Porque el valor de nuestros recursos naturales no determina por sí solo el desarrollo de un país. Lo determinan la velocidad, la eficiencia y la capacidad de transformar esos recursos en crecimiento sostenible. El mundo necesitará más cobre. La pregunta ya no es si habrá ...
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 “El cobre está caro” ya no es una noticia minera. Es una señal estructural de algo mucho más profundo. Mientras muchos miran el dólar o la inflación, el verdadero termómetro de Chile volvió a romper récords: el cobre rozando máximos históricos. Y detrás de ese número aparece una gran oportunidad: ¿Estamos usando este ciclo para construir futuro… o solo para aliviar presiones de corto plazo? Porque cuando el cobre sube: el Estado recauda más, las exportaciones se disparan, el mercado respira, y reaparece la sensación de estabilidad. Pero la historia chilena también demuestra algo brutal: cada súper ciclo genera optimismo… hasta que el precio corrige y deja expuestas las mismas fragilidades de siempre. Dependencia fiscal. Productividad estancada. Poca sofisticación económica. Y una economía completa reaccionando a una sola materia prima. El cobre no solo financia al país. También muestra cuánto seguimos dependiendo de él. La diferencia entre los países ricos en recursos y los países...
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 Mientras muchas empresas hablan de “optimización”, otras están literalmente redefiniendo el valor de sus activos estratégicos. El edificio de Isidora Goyenechea no es solo un activo inmobiliario.   Es una señal. Cuando un ícono corporativo entra en venta por más de US$130 millones, el mercado no está moviendo ladrillos: está reconfigurando capital, liquidez y nuevas prioridades empresariales. Y ahí aparece lo interesante: - Las empresas más ágiles están revisando cómo utilizan sus espacios. - Los inversionistas vuelven a mirar activos premium con atención. - El mercado corporativo está entrando en una nueva etapa donde flexibilidad, eficiencia y ubicación vuelven a ser decisivas. Porque detrás de cada operación emblemática no solo hay una venta: hay una transformación silenciosa del modelo empresarial. Los cambios de ciclo siempre generan incertidumbre.   Pero también crean las mayores oportunidades para quienes saben leer el momento antes que el resto. #RealEs...
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  Hoy no es solo otro titular. Es una advertencia. Un Premio Nobel de Economía anticipa una recesión global. No por una crisis financiera clásica. No por un colapso bancario. Sino por algo más estructural, más silencioso… y más difícil de revertir: La destrucción de la demanda. La guerra no solo impacta territorios. Redibuja mercados completos. El petróleo —motor histórico de la economía— deja de ser un activo estable y se transforma en un factor de incertidumbre permanente. Menos demanda. Menos inversión. Menos crecimiento. Y mientras tanto, muchos siguen operando como si el ciclo fuera el mismo de siempre. No lo es. Estamos entrando en una fase donde: Las reglas cambian más rápido que las estrategias Las proyecciones quedan obsoletas en meses Y la inercia empresarial se vuelve un riesgo La pregunta incómoda no es si viene una recesión. Es si tu modelo está preparado para sobrevivirla. Porque en escenarios como este, no gana el más grande. Gana el que se adapta primero. #Economía ...
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Eliminar el IVA a la vivienda suena, en el papel, como una solución directa. Pero la realidad —como siempre— es más incómoda. Hoy el acceso a la vivienda en Chile no está bloqueado por un solo factor. Está atrapado en una red: costos de construcción disparados, normativas cada vez más exigentes, financiamiento restringido y una permisología que no da tregua. ¿De verdad creemos que eliminar el IVA resolverá esto? El riesgo es otro: simplificar un problema estructural en una medida aislada. Y peor aún, generar expectativas que no se van a cumplir. Porque incluso si el IVA desaparece, los precios no necesariamente bajarán en la misma proporción. El mercado ajusta, absorbe, redistribuye. Y el comprador final —otra vez— queda esperando un alivio que no llega. Lo que está en juego no es solo un impuesto. Es la forma en que estamos entendiendo —o evitando entender— la crisis habitacional. Sin una mirada integral, esto no es una solución. Es apenas una ilusión con buena prensa. #Vivienda #Chi...
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  “Eliminar el IVA a la vivienda por un año podría bajar hasta 10% los precios”. Suena bien. Pero hagamos la pregunta incómoda: ¿De verdad alguien cree que eso solucionará la crisis habitacional en Chile? La industria inmobiliaria lleva años frenada: tasas altas permisos eternos costos de construcción disparados miles de viviendas sin vender proyectos paralizados Y la solución que aparece… es un incentivo tributario temporal de 12 meses. El problema de fondo no es el IVA. El problema es la estructura completa del mercado inmobiliario . Mientras: • aprobar proyectos tome años • el financiamiento siga caro • el riesgo regulatorio sea alto • y construir sea cada vez más complejo los precios difícilmente van a bajar de forma real y sostenida. Eliminar el IVA puede generar algo de movimiento. Puede acelerar algunas compras. Pero también puede ocurrir algo que el mercado ya ha visto antes: más demanda en el corto plazo… sin suficiente oferta nueva. ¿El resultado? Los precios no bajan lo ...
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Miles de millones anunciados. Cero boom visible. Copiapó. Antofagasta. Inversiones históricas. Expansiones millonarias. -Minera Centinela anuncia proyectos de gran escala. -BHP invierte cifras récord en sus operaciones en el norte. Y sin embargo… No vemos explosión de empleo. No vemos ciudades despegando. No vemos un dinamismo proporcional al tamaño de las cifras. La minería hoy invierte más, pero emplea menos personas por dólar. Automatización. Alta especialización. Contratos temporales. Servicios que se adjudican fuera de la región. El “boom” está en los comunicados. No en la calle. La pregunta incómoda es simple: ¿Estamos frente a crecimiento… o solo a eficiencia corporativa? Porque si el territorio no siente el impacto, no es desarrollo. Es inversión aislada. ¿Lo están viendo igual?