¿Quién se está quedando con el vuelto del supermercado?
Hace unos días, un amigo que trabaja en una importante productora de pollo me comentaba algo que refleja perfectamente el malestar cotidiano de muchos chilenos.
Durante buena parte del año, el precio del pollo se disparó debido a las restricciones a las importaciones desde Brasil, afectadas por brotes de fiebre aviar. Hasta ahí, todo razonable: menos oferta, precios más altos.
Pero ese escenario ya se normalizó. El suministro está estable, el precio internacional del grano ha caído de manera sostenida y los costos de producción se han ajustado.
Sin embargo, el precio en los supermercados sigue prácticamente igual.
Y aquí surge la pregunta que todos, en algún momento, nos hacemos:
Si los costos bajaron, ¿por qué el precio final no lo hace?
¿Quién se está quedando con el vuelto?
El eslabón final: el retail
Todo apunta al último tramo de la cadena: los supermercados.
En un mercado altamente concentrado, donde tres grandes grupos controlan casi todo el retail alimentario, la competencia real es mínima.
Cuando los precios suben por razones justificadas, el alza se traspasa de inmediato al consumidor.
Pero cuando bajan los costos, ese beneficio no se refleja en la góndola.
En la práctica, el margen adicional queda en manos del intermediario.
Y el consumidor, que no tiene alternativas reales, simplemente paga.
El espejo europeo
La comparación internacional resulta brutal.
En buena parte de Europa, con salarios mínimos que superan los 1.500 euros, los productos básicos cuestan lo mismo o incluso menos que en Chile.
Un litro de leche puede costar un euro.
Aquí, ronda los $1.200.
El problema no es solo el precio, sino la desproporción entre el costo de vida y el ingreso disponible.
El poder adquisitivo en Chile está completamente desalineado.
Pagamos precios de país desarrollado con sueldos de país en vías de desarrollo.
El silencio conveniente
Lo más preocupante, sin embargo, no es solo la cifra.
Es el silencio.
Ni autoridades, ni gremios, ni medios parecen dispuestos a hablar abiertamente del tema.
No hay debate sobre los márgenes, ni sobre la transparencia de la cadena de valor.
Todo se diluye entre tecnicismos y explicaciones vagas.
¿Hay lobby detrás?
¿O simplemente una falta de voluntad política para cuestionar la estructura de un mercado tan concentrado?
Una conversación pendiente
Chile se acostumbró a aceptar que los precios suben rápido y bajan lento, o simplemente no bajan.
Y mientras tanto, el consumidor sigue absorbiendo la diferencia, sin que nadie rinda cuentas.
En un país que aspira a mayor equidad y desarrollo, la transparencia en la formación de precios debería ser parte central de la conversación pública.
Porque cuando el pollo vuelve a su precio normal en la planta, pero no en la góndola, alguien —claramente— se está quedando con el vuelto.
Comentarios
Publicar un comentario